Tras superar una primavera algo complicada y un final de verano difícil, ahora que el otoño ha llegado para quedarse, siento que es el momento de parar. Parar, reflexionar y asimilar que todo lo que ha ocurrido, ocurre y está por sucederme, es por una simple razón: es lo que el destino tiene dispuesto para mi.
Cuando hace algo más de un año le dije a mi padre (súper ilusionada, por cierto) que iba a comprarme una bicicleta, pensó que era un simple capricho. Cuando el pasado día 21 de julio le dije que había comprado otra bici mejor, sé que su corazoncito palpitó.



